miércoles, 30 de noviembre de 2016

Agora que sé de amor

                Amor o deber, Gabriele Castagnola (1873)

¿Agora que sé de amor
me metéis monja?
¡Ay Dios, qué grave cosa!

Agora que sé de amor
de caballero,
¿agora me metéis monja
en el monasterio?
¡Ay Dios, qué grave cosa!

Anónimo
(Siglo XV)

domingo, 27 de noviembre de 2016

Bailemos nós ja todas tres, ai amigas

                     Los recolectores de moras, Fritz Ebel (1894)

Bailemos nós já todas tres, ai amigas,
so aquestas avelaneiras frolidas;
e quen fôr belida, como nós, belidas,
se amig' amar,
so aquestas avelaneiras frolidas
verrá bailar.

Bailemos nós já todas tres, ai irmãas,
so aqueste ramo d' estas avelãas;
e quen fôr louçãa, como nós, louçãas,
se amig' amar,
so aqueste ramo d'estas avelãas
verrá bailar.

Por Deus, ai amigas, mentr' al non fazemos,
so aqueste ramo frolido bailemos;
e quen ben parecer, como nós parecemos,
se amig' amar,
so aqueste ramo, so l' que nós bailemos,
verrá bailar.


Airas Nunes
(Siglo XIII)

Versión al castellano de Un poema cada día

Bailemos nosotras tres, ¡ay amigas!,
bajo estos avellanos floridos;
y quien fuera bella, como nosotras, bellas,
si a un amigo amara,
bajo estos avellanos floridos
vendrá a bailar.

Bailemos nosotras tres, ¡ay hermanas!,
bajo el ramo de estas avellanas;
y quien fuera lozana, como nosotras, lozanas,
si a un amigo amara,
bajo el ramo de estas avellanas
vendrá a bailar

Por Dios, ¡ay amigas!, mientras cosa no hacemos,
bajo este ramo florido bailemos;
y quien bien parezca, como nosotras, parecemos,
si a un amigo amara,
bajo este ramo, bajo el que nosotras bailamos,
vendrá a bailar.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Meu sidi Ibrahim, ya nuemne dolche

 Patio de los Embajadores de La Alhambra, Joaquín Sorolla (1909)

Meu sidi Ibrahim, ya nuemne dolche,
vent' a mib de nohte.
In non, si non queris, yireim' a tib:
garme a ob legarte.

Anónimo
(Siglo XI)

Versión al castellano de Un poema cada día

Mi señor Ibrahim, ¡oh dulce nombre!,
vente a mí de noche.
Si no, si no quieres, ireme a ti:
dime dónde encontrarte.

domingo, 13 de noviembre de 2016

A ti, viva

                Reflejos de primavera, Peder Mørk Mønsted (1908)
                                Es tocar el cielo, poner el dedo
                                  sobre un cuerpo humano.
                                                                                       NOVALIS
Cuando contemplo tu cuerpo extendido
como un río que nunca acaba de pasar,
como un claro espejo donde cantan las aves,
donde es un gozo sentir el día cómo amanece. 

Cuando miro a tus ojos, profunda muerte o vida que me llama,
canción de un fondo que solo sospecho;
cuando veo tu forma, tu frente serena,
piedra luciente en que mis besos destellan,
como esas rocas que reflejan un sol que nunca se hunde.

Cuando acerco mis labios a esa música incierta,
a ese rumor de lo siempre juvenil,
del ardor de la tierra que canta entre lo verde,
cuerpo que húmedo siempre resbalaría
como un amor feliz que escapa y vuelve.

Siento el mundo rodar bajo mis pies,
rodar ligero con siempre capacidad de estrella,
con esa alegre generosidad del lucero
que ni siquiera pide un mar en que doblarse.

Todo es sorpresa. El mundo destellando
siente que un mar de pronto está desnudo, trémulo,
que es ese pecho enfebrecido y ávido
que solo pide el brillo de la luz.

La creación riela. La dicha sosegada
transcurre como un placer que nunca llega al colmo,
como esa rápida ascensión del amor
donde el viento se ciñe a las frentes más ciegas.

Mirar tu cuerpo sin más luz que la tuya,
que esa cercana música que concierta a las aves,
a las aguas, al bosque, a ese ligado latido
de este mundo absoluto que siento ahora en los labios.

Vicente Aleixandre
(La destrucción o el amor, 1935)

jueves, 10 de noviembre de 2016

¡Cómo me dejas que te piense!

                                           Ninfa, Henryk Siemiradzki (1869)

¡Cómo me dejas que te piense!
Pensar en ti no lo hago solo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.
Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia.
Y más que consentir, más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.
Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero, 

unirnos, al pensarte.
Y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo solo.


Pedro Salinas
(Razón de amor, 1936)

lunes, 31 de octubre de 2016

Giralda

      Vista de la catedral de Sevilla, Anónimo (1884)

Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.

Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples –ay, Narcisa– en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.

Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.


Gerardo Diego
(Alondra de verdad, 1941)

jueves, 27 de octubre de 2016

Galope


Rafael Alberti y Paco Ibáñez en el recital de poesía y canciones celebrado en el Teatro Alcalá de Madrid en 1991

    Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna. 

    ¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

    A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma.

    ¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!

    Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya.

    ¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!


Rafael Alberti
(Capital de la gloria,  1936)

martes, 25 de octubre de 2016

Las doce en el reloj

                               Pradera con álamos, Claude Monet (1875)

Dije: ¡Todo ya pleno!
Un álamo vibró.
Las hojas plateadas
Sonaron con amor.
Los verdes eran grises,
El amor era sol.
Entonces, mediodía,
Un pájaro sumió
Su cantar en el viento
Con tal adoración
Que se sintió cantada
Bajo el viento la flor
Crecida entre las mieses,
Más altas. Era yo,
Centro en aquel instante
De tanto alrededor,
Quien lo veía todo
Completo para un dios.
Dije: Todo, completo.
¡Las doce en el reloj!


Jorge Guillén
(Cántico, 1928)

sábado, 22 de octubre de 2016

Río y mar

A veces me siento grande como el mar,
a veces un corto tiempo del río que va.
Soy un horizonte que te da las tormentas
y a veces soy un sauce que pide al viento dejar de llorar.
Río y mar, tal para cual.

A veces soy un milagro que empieza,
a veces una esperanza que pasó.
Soy una puerta del alba que se cierra
y a veces soy un caminante que te ruega por entrar.
Río y mar, tal para cual.

A veces soy el altar de la luna,
a veces arena pobre con sombras.
Soy un fantasma salvaje que no vuelve
y a veces soy un pájaro que por vos quiere regresar.
Río y mar, tal para cual.

León Gieco 
(Mensajes del alma, EMI, 1992)


León Gieco, el llamado "Bob Dylan de Argentina", creó esta canción (con música de Luis Gurevich) que han interpretado numerosos artistas. El joven Cristóbal Repetto ha incluido esta versión en su disco Tiempo y silencio (2014), grabado en medio de los trinos de los pájaros de la Pampa.

viernes, 21 de octubre de 2016

Remordimiento en traje de noche

                 Parada de taxis, Clarice Beckett (1931)

Un hombre gris avanza por la calle de niebla;
No lo sospecha nadie. Es un cuerpo vacío;
Vacío como pampa, como mar, como viento,
Desiertos tan amargos bajo un cielo implacable.

Es el tiempo pasado, y sus alas ahora
Entre la sombra encuentran una pálida fuerza;
Es el remordimiento, que de noche, dudando,
En secreto aproxima su sombra descuidada.

No estrechéis esa mano. La yedra altivamente
Ascenderá cubriendo los troncos del invierno.
Invisible en la calma el hombre gris camina.
¿No sentís a los muertos? Mas la tierra está sorda.


Luis Cernuda
(Un río, un amor, 1929)
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