martes, 28 de junio de 2016

Río de Sevilla

        Paisaje fluvial con Sevilla al fondo, Manuel García y Rodríguez (1912)

    Río de Sevilla
¡quién te pasase
sin que la mi servilla
se me mojase!
    Salí de Sevilla
a buscar mi dueño
puse al pie pequeño
dorada servilla.
    Como estoy a la orilla
mi amor mirando,
digo suspirando:
¡quién te pasase
sin que la mi servilla
se me mojase!

Lope de Vega
(Amar, servir y esperar, 1635)

sábado, 25 de junio de 2016

Da bienes Fortuna


 
       Fiesta de aldea con pareja aristocrática, David Teniers el Joven (1652)

    Da bienes Fortuna
que no están escritos:
cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos
.

    ¡Cuán diversas sendas
se suelen seguir
en el repartir
honras y haciendas!
A unos da encomiendas,
a otros sambenitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos
.

    A veces despoja
de choza y apero
al mayor cabrero;

y a quien se le antoja
la cabra más coja
pare dos cabritos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos


    En gustos de amores
suele traer bonanza
y en breve mudanza
los vuelve en dolores.
No da a uno favores,
y a otro infinitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos.

    Porque en una aldea
un pobre mancebo
hurtó solo un huevo,
al sol bambolea;
y otro se pasea
con cien mil delitos.
Cuando pitos flautas,
cuando flautas pitos
.


Luis de Góngora
(1561-1627)

martes, 21 de junio de 2016

Crece el insano ardor, crece el engaño

                          Eco y Narciso, John William Waterhouse (1903)

    Crece el insano ardor, crece el engaño
del que en las aguas vio su imagen bella;
y él, sola causa en su mortal querella,
busca el remedio y acrecienta el daño.
 

    Vuelve a verse en la fuente, ¡caso extraño!;
del agua sale el fuego; mas en ella
templarlo piensa, y la enemiga estrella
sus ojos cierra al fácil desengaño.
 

    Fallecieron las fuerzas y el sentido
al ciego amante amado, que a su suerte
la costosa beldad cayó rendida.
 

    Y ahora, en flor purpúrea convertido,
l'agua, que fue principio de su muerte,
hace que crezca, y prueba a darle vida.


Juan de Arguijo
(1567-1623)

domingo, 19 de junio de 2016

El rubí de tu boca me rindiera

 Joven con collar de perlas, atribuido a Jean Raoux (1677-1734)

    El rubí de tu boca me rindiera,
a no me haber tu bello pie rendido;
hubiéranme tus manos ya prendido,
si preso tu cabello no me hubiera;
 

    los del cielo por arcos conociera,
si tus cejas no hubiera conocido;
fuera su polo, norte a mi sentido,
si la luz de tus ojos no lo fuera.
 

    Así le plugo al cielo señalarte
que no ya solo al norte y arco bello
tus cejas venzan, y ojos soberanos,
 

    mas queriendo a ti misma aventajarte,
tu pie la fuerza usurpa, y tu cabello,
a tu boca, Amarili, y a tus manos. 

Francisco de Medrano
(1570-1607)

viernes, 10 de junio de 2016

Madre, la mi madre

     Mujeres en la ventana, Bartolomé Esteban Murillo (1670)

    Madre, la mi madre,
guardas me ponéis,
que si yo no me guardo,
no me guardaréis
.

    Dicen que está escrito,

y con gran razón,
ser la privación
causa de apetito;
crece en infinito
encerrado amor;
por eso es mejor
que no me encerréis;
que si yo no me guardo,
no me guardaréis
.

    Si la voluntad
por sí no se guarda,
no la harán guarda
miedo o calidad;
romperá, en verdad,
por la misma muerte,
hasta hallar la suerte
que vos no entendéis;
que si yo no me guardo,
no me guardaréis
.

    Quien tiene costumbre
de ser amorosa,
como mariposa
se irá tras su lumbre
aunque muchedumbre
de guardas le pongan,
y aunque más propongan
de hacer lo que hacéis;
que si yo no me guardo,
no me guardaréis
.

    Es de tal manera
la fuerza amorosa,
que a la más hermosa
la vuelve en quimera:

el pecho de cera,
de fuego la gana,
las manos de lana,
de fieltro los pies;
que si yo no me guardo,
mal me guardaréis
.


Miguel de Cervantes
(El celoso extremeño, 1613)

viernes, 3 de junio de 2016

Hombres necios que acusáis

Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz (detalle), de Miguel Cabrera
(h. 1750, copia de un original del s. XVII)


    Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:


    si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si la incitáis al mal?


    Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.


    Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
el niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.


    Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.


    ¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo,
y siente que no esté claro?


    Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.


    Opinión, ninguna gana;
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana. 

    Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.


    ¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?


    Mas, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere,
y quejaos en hora buena.


    Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas,
las queréis hallar muy buenas.


    ¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?


    ¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga,
o el que paga por pecar?


    Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.


    Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.


    Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.


 Sor Juana Inés de la Cruz
(1651-1695)

El músico Aldo Narejos (con la colaboración de Ana Morgade, Berto Romero...) ha hecho un homenaje a este poema de Sor Juana en este divertido vídeo de 2016 (por donde también desfilan Calderón y "Daddy" Cervantes): "electrobarroco pa' tu coco".

martes, 31 de mayo de 2016

Vivo sin vivir en mí

 Retratro de Santa Teresa de Jesús, Fray Juan de la Miseria (siglo XVI)

    Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero
.


    Vivo ya fuera de mí,
después que muero de amor,
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí.
Cuando el corazón le di,
puso en mí este letrero:
que muero porque no muero.


    Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.


    ¡Ay, qué larga es esta vida,
qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Solo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.


    ¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.


    Solo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.


    Mira que el amor es fuerte;
vida, no me seas molesta,
mira que solo te resta,
para ganarte, perderte;
venga ya la dulce muerte,
venga el morir muy ligero,
que muero porque no muero.


    Aquella vida de arriba,
que es la vida verdadera,
hasta que esta vida muera
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.


    Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios que vive en mí,
si no es perderte a ti,
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues a Él solo es al que quiero.
Que muero porque no muero.
 

Santa Teresa de Jesús
(1515-1582)

domingo, 29 de mayo de 2016

A un retrato


                               La Bella, Tiziano (h. 1536)

    Tu gracia, tu valor, tu hermosura,
muestra de todo el cielo retirada,
como cosa que está sobre natura,
ni pudiera ser vista ni pintada.

     Pero yo, que en el alma tu figura
tengo en humana forma abreviada,
tal hice retratarte de pintura,
cual amor te dejó en ella estampada.

     No por soberbia vana o por memoria
de ti, ni para publicar mis males,
ni por verte más veces que te veo;

     mas por solo gozar de tanta gloria,
señora, con los ojos corporales
como con los del alma y el deseo.


Diego Hurtado de Mendoza
(h. 1503-1575)

domingo, 22 de mayo de 2016

Égloga I (fragmento)

                          Valle en la Suiza sajona, Otto Försterling (1888)

SALICIO:  Con mi llorar las piedras enternecen
               su natural dureza y la quebrantan;
               los árboles parecen que se inclinan;
               las aves que me escuchan, cuando cantan,
               con diferente voz se condolecen
               y mi morir cantando me adivinan;
                       las fieras que reclinan
                       su cuerpo fatigado
                       dejan el sosegado
               sueño por escuchar mi llanto triste:
               tú sola contra mi te endureciste,
               los ojos aun siquiera no volviendo
                        a los que tú hiciste
               salir sin duelo, lágrimas, corriendo.

              Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,
              no dejes el lugar que tanto amaste,
              que bien podrás venir de mí segura.
              Yo dejaré el lugar do me dejaste;
              ven si por solo esto te detienes.
              Ves aquí un prado lleno de verdura,
                       ves aquí una espesura,
                       ves aquí un agua clara,
                       en otro tiempo cara,
              a quien de ti con lágrimas me quejo;
             quizá aquí hallarás, pues yo me alejo,
              al que todo mi bien quitar me puede,
                       que pues el bien le dejo,
              no es mucho que el lugar también le quede.
  
Garcilaso de la Vega
(h. 1501-1536)

lunes, 16 de mayo de 2016

Rima LII

               Orilla del Mar Esmeralda, Albert Bierstadt (1878)

    Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!

    Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

    Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

    Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!


Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
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