sábado, 24 de enero de 2015

Cantares

 
                          Alegrías, Julio Romero de Torres (1917)

     Vino, sentimiento, guitarra y poesía
hacen los cantares de la patria mía.
Cantares...
Quien dice cantares dice Andalucía.

      A la sombra fresca de la vieja parra,
un mozo moreno rasguea la guitarra...
Cantares...
Algo que acaricia y algo que desgarra.

      La prima que canta y el bordón que llora...
Y el tiempo callado se va hora tras hora.
Cantares...
Son dejos fatales de la raza mora.

      No importa la vida, que ya está perdida,
y, después de todo, ¿qué es eso, la vida?...
Cantares...
Cantando la pena, la pena se olvida.

      Madre, pena, suerte, pena, madre, muerte,
ojos negros, negros, y negra la suerte...
Cantares...
En ellos el alma del alma se vierte.

      Cantares. Cantares de la patria mía,
quien dice cantares dice Andalucía.
Cantares...
No tiene más notas la guitarra mía.


Manuel Machado
(Alma, 1902)

domingo, 18 de enero de 2015

Canción de otoño en primavera

Ninfa en el bosque, Charles-Amable Lenoir (1860-1926)

    Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
y a veces lloro sin querer.
    Plural ha sido la celeste
historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
mundo de duelo y aflicción.

    Miraba como el alba pura;
sonreía como una flor.
Era su cabellera obscura
hecha de noche y de dolor.

    Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente fue,
para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé... 

    Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
    La otra fue más sensitiva,
y más consoladora y más
halagadora y expresiva,

cual no pensé encontrar jamás. 
    Pues a su continua ternura
una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
una bacante se envolvía... 

    En sus brazos tomó mi ensueño
y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
falto de luz, falto de fe... 

    Juventud, divino tesoro,
¡te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer... 

    Otra juzgó que era mi boca
el estuche de su pasión
y que me roería, loca,
con sus dientes el corazón
    poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad:

    y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también... 

    Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro,
¡y a veces lloro sin querer! 

    ¡Y las demás!, en tantos climas,
en tantas tierras, siempre son,
si no pretextos de mis rimas,
fantasmas de mi corazón. 

    En vano busqué a la princesa
que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar! 

    Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris me acerco
a los rosales del jardín... 

    Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!...
Cuando quiero llorar, no lloro,
y a veces lloro sin querer...
    ¡Mas es mía el Alba de oro!


Rubén Darío
(Cantos de vida y esperanza, 1905)

domingo, 11 de enero de 2015

Les coquillages


 
Pequeñas gaviotas a orillas del mar en Belle-Isle, Octave Penguilly L'Haridon (1858)

Chaque coquillage incrusté
Dans la grotte où nous nous aimâmes
A sa particularité.

L'un a la pourpre de nos âmes
Dérobée au sang de nos coeurs
Quand je brûle et que tu t'enflammes;

Cet autre affecte tes langueurs
Et tes pâleurs alors que, lasse,
Tu m'en veux de mes yeux moqueurs;

Celui-ci contrefait la grâce
De ton oreille, et celui-là
Ta nuque rose, courte et grasse;

Mais un, entre autres, me troubla.


Paul Verlaine
(Fêtes galantes, 1869) 

Versión al castellano de Un poema cada día

Cada concha incrustada
En la gruta donde nos amamos
Tiene su particularidad.

Una tiene la púrpura de nuestras almas
Hurtada a la sangre de nuestros corazones
Cuando yo me abraso y tú te inflamas;

Esta otra finge tu languidez
Y tu palidez cuando, fatigada,
Me reprochas mis ojos burlones;

Esta imita la gracia
de tu oreja, y aquella
tu nuca rosa, corta y lustrosa;

Pero solo una, entre todas, me trastornó.

(Fiestas galantes, 1869)

lunes, 29 de diciembre de 2014

Un arbre

                       Primavera en California, Albert Bierstadt (1875)

                     Vius entre l'aire.
                     De nit vas de la terra
                     a les estrelles.
                     Quan seràs mort, encara
                     faràs créixer una flama.


                    Màrius Torres
                     (Poesies, 1947)

Versión al castellano de Un poema cada día

                    Vives entre el aire.
                    De noche vas de la tierra
                    a las estrellas.
                    Cuando hayas muerto, aún
                    harás crecer una llama.

                    (Poesías, 1947)

domingo, 14 de diciembre de 2014

Ojos garzos ha la niña

 
      Joven pastora, William-Adolphe Bouguereau (1868) 

     Ojos garzos ha la niña:
¡quién se los namoraría!
      Son tan bellos y tan vivos
que a todos tienen cautivos,
mas muéstralos tan esquivos
que roban el alegría.
     Roban el placer y gloria,
los sentidos y memoria;
de todos llevan victoria
con su gentil galanía.
     Con su gentil gentileza
ponen fe con más firmeza;
hacen vivir en tristeza
al que alegre ser solía.
     No hay ninguno que los vea
que su cautivo no sea.
Todo el mundo los desea
contemplar de noche y día.

Juan del Encina
(1468-1529)

domingo, 7 de diciembre de 2014

Vuestros ojos que miraron

 
    Retrato de una dama, Domenico Ghirlandaio (1449-1494) 

     Vuestros ojos que miraron
con tan discreto mirar,
hirieron y no dejaron
en mí nada por matar.

     Ellos, aun no contentos
de mi persona vencida, 
me dan atales tormentos
que atormentan mi vida:
después que me sojuzgaron
con tan discreto mirar,
hirieron y no dejaron
en mí nada por matar.

Juan de Mena
(1411-1456)

martes, 2 de diciembre de 2014

¡Cuándo saldréis, el alba galana!

     Salida del sol sobre paisaje con agua, Anna Gardell-Ericson (1853-1939)

¡Cuándo saldréis, el alba galana!
    ¡Cuándo saldréis, el alba!

        Resplandece el día,
        crecen los amores,
        y en los amadores
        aumenta alegría.
        Alegría galana.
    ¡Cuándo saldréis, el alba!

Anónimo
(Siglo XV)

viernes, 28 de noviembre de 2014

E-nas verdes ervas

                          Paisaje forestal, Peder Mørk Mønsted (1908)

E-nas verdes ervas
vi anda-las cervas, 
    meu amigo.

E-nos verdes prados
vi os cervos bravos,
    meu amigo

E con sabor d'elas
lavei mias garcetas,
    meu amigo.

E con sabor d'elos
lavei meus cabelos,
    meu amigo

Des que los lavei,
d’ouro los liei,
    meu amigo.

Des que las lavara,
d’ouro las liara,
    meu amigo

D’ouro los liei,
e vos asperei,
    meu amigo.

D’ouro las liara
e vos asperara,
    meu amigo.

Pero Meogo
(Siglos XIII-XIV)

Versión al castellano de Un poema cada día

En las verdes hierbas
vi andar las ciervas,
    amigo mío.

En los verdes prados,
vi los ciervos bravos,
    amigo mío.

Y con placer de ellas
lavé mis guedejas,
    amigo mío.

Y con placer de ellos
lavé mis cabellos,
    amigo mío.

Cuando los lavé,
de oro los lié,
    amigo mío.

Cuando las lavara,
de oro las liara,
    amigo mío.

De oro los lié,
y os esperé,
    amigo mío.

De oro las liara,
y os esperara,
    amigo mío.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Gar, ¿qué fareyo?

      Mujer de Bagdad, William Clarke Wontner (1900)

Gar, ¿qué fareyo?,
¿cómo vivreyo?
Est' al-habib espero,
por él murreyo.

Anónimo
(siglo XI)

Versión al castellano de Un poema cada día

Dime, ¿qué haré?,
¿cómo viviré?
A este amado espero,
por él moriré.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Soy Rocinante, el famo-

         Don Quijote, Honoré Daumier (h. 1868)

Soy Rocinante, el famo-,
bisnieto del gran Babie-:
por pecados de flaque-,
fui a poder de un don Quijo-;
parejas corrí a lo flo-,
mas por uña de caba-
no se me escapó ceba-,
que esto saqué a Lazari-,
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-.

Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605)

Cervantes introduce, tras el prólogo de la primera parte del Quijote, una serie de poemas de tono burlesco,  parodia de los que solían aparecer al comienzo de las novelas de caballerías para elogiar a sus protagonistas. Este, escrito con versos de cabo roto y alusivo a Rocinante, va precedido de la siguiente leyenda: "Del Donoso, poeta entreverado, a Rocinante".
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